Comentario a “El querer ser otro” de J.L. Borges

d_borges

Querido Jorge:

Para empezar… yo quisiera ser, aunque sea por un mísero momento, yo mismo, para saber qué se siente. Como dijo Rimbaud -y continúa diciendo a través de otros una y otra y otra vez- “yo soy otro”. ¿Qué de Lévi-Strauss habrá en esta reflexión suya, qué de Derrida… (o vice versa)?

Como todos sus textos, esta digresión me parece genial: clarificadora y perturbadora a la vez. Como antropólogo -y sin realmente poder decir de qué se trata eso de ser antropólogo, más que de la concreción de un deseo, de un impulso fundamental- no puedo resistirme a trasponer su texto en el registro etnográfico: el deseo antropológico de comprender al otro “desde dentro” o, como suele decirse, en sus propios términos.

Hay toda una discusión en antropología que ronda la cuestión de la posibilidad de conocer realmente (¿objetivamente?) el mundo de significado de otra cultura: ¿Cómo conocer a otra cultura en sus propios términos si para hacerlo debo traducirla a mis categorías, y con eso introducir elementos ajenos a ella? Algunos (como Stephan Tyler) han reaccionado histéricamente proclamando el fin de la antropología, la imposibilidad del conocimiento del otro. Otros (como Lévi-Strauss) han planteado que sólo por medio del inconsciente podemos comunicarnos con otras culturas en la medida en que toda diferencia responde a una diferente combinatoria de unas mismas constricciones estructurales: Si es posible que una subjetividad comprenda a otra es porque la experiencia de cada una se basa en un sustrato común que las hace posible.

Ahora bien, en su texto aparece de manera maravillosa lo absurdo de la pretensión de ser o conocer objetivamente al otro. Ser el otro supondría el olvido de sí mismo y el olvido del deseo de ser el otro. Estaríamos siempre en movimiento y siempre en el mismo lugar: sin historia, sin experiencia, sin ser (¿el fin del sujeto?). Yo prefiero leerlo de otra forma: como no hay sí mismo, no se puede ser el otro –y por otra parte, ya se es el otro; el otro tampoco es un sí mismo que podría restituir nuestro deseo de unidad (¿pero de dónde viene ese impulso patético? Porque también está el deseo de la multiplicidad, que siempre supera al sentimiento de culpa). Sí mismo es otro, o más bien otros, multiplicidades dirían Deleuze y Guattari. La ilusión de sí mismo es posible gracias a un otro que lo refleja (pero pregúntenle a Lacan, ese reflejo siempre está vacío). Sólo hay diferencia (differance, escribe Derrida), y esa diferencia genera el deseo de conectarse, de buscar, de encontrar su verdad en lo otro. Pero no a partir de una estructura metafísicamente concebida sino a partir de un plano de inmanencia, de un puro acontecimiento, que territorializa y desterritorializa en un rizoma: yo soy los otros, yo soy la cultura, soy un chino, por eso me llamo Guillermo Brinck, con un poco de todo; porque no soy; La naturaleza es la cultura; el cerebro está en sus relaciones con otros cerebros, entre ellos, en ese espacio vacío, esa nada de la cual surge el ser.

Las culturas, como los sujetos, no son unidades homogéneas, universos coherentes; se ubican siempre en un entre, son multiplicidades. Eso es lo que hace posible la historia y la “comunicación”, siempre entendida como un proyectarse fuera de sí, hacer eco, hacer rizoma, desterritorialización-reterritorialización; creación, agenciamiento de un sentido que no es trascendental pero que acontece más allá de toda sustancia, más acá de toda metafísica. Comunicarse, conocer, no son el encuentro con una verdad preexistente, sino la creación de verdades que producen vida.

Pura historia… deseo… política… Acontecimiento…

¿Que piensas tú Jorge, me excedí? Espero que así sea.
Nos vemos

Guillermo Brinck P.

~ por gbrinck en 28 octubre 2009.

2 comentarios to “Comentario a “El querer ser otro” de J.L. Borges”

  1. Aloh!
    Le otxet es etneis, oy otneis ortneda niébmat areufa…
    Qué debe decir este personaje que es uno y otro, en verdad vivo en la subjetividad, objetividad a ratos. Fragmentos del unísono y la polisemia que está en todos y en todo.
    Gracias por la cosas.
    Regalos de azucenas y mares tirrenos para ti…
    Gracias

  2. A ratos polisemia, pero sobre todo homonimia: ambigüedad, multiplicidad sin principio estructurante; mera coincidencia, apariencia de unidad… fisuras.

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