Estructura, etnocentrismo y racismo

Apuntes de texto[1]

Guillermo Brinck P.[2]

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Claude Lévi-Strauss ha tratado el tema del racismo en dos conferencias pronunciadas en la ONU, Raza e Historia (1952) y Raza y Cultura (1971). En ambos plantea el nulo fundamento científico de la noción de raza y niega cualquier relación causa-efecto de la "raza" sobre la cultura (para él, más bien el fenotipo sería una función de esta última). En ambos textos plantea la necesidad de la existencia de un "óptimo de diversidad" que posibilitaría la contribución de las culturas entre sí, estimulándose mutuamente, definiéndose unas a otras, pero manteniendo una distancia suficiente para no perder su especificidad. En este sentido el etnocentrismo (función cultural universal) tendría un valor positivo toda vez que no se transforme en fuente de desigualdad de derechos y sobre todo en racismo. Para Lévi-Strauss no hay culturas superiores a otras, no hay culturas más evolucionadas que otras. El progreso se define según diferentes parámetros y sólo es posible en la medida en que exista una diversidad cultural que estimule la creatividad y que no se funda en una homogeneidad cultural más amplia. En este sentido, lo que tiene que ser preservado no son estas o aquellas contribuciones o elementos culturales determinados, sino el hecho mismo de la diversidad: la diferencia cultural.

Estos planteamientos decantan en una posición ética y política que pone límite a las posibilidades de diálogo y conocimiento entre las culturas, planteando la necesidad de aceptar el etnocentrismo -es decir, cierto grado de discriminación- como un elemento inevitable y necesario de toda cultura. Las culturas no se desarrollan en aislamiento sino en relación y oposición con otras culturas. Esa posibilidad de diferenciarse es la que las constituye.

Estos argumentos le costaron muchas críticas a Lévi-Strauss, en especial su cercanía con ciertas tendencias neoracistas europeas. Sin embargo, Lévi-Strauss no ha planteado nunca que el racismo sea una función de la cultura, más bien ha dicho que éste surge en condiciones de competencia y falta de espacio; condiciones que se exacerban justamente bajo el influjo de la modernización y la implantación del capitalismo. Es aquí donde los argumentos de nuestro autor se tornan más polémicos, porque plantea en su segunda conferencia que las instituciones como la ONU se limitan a hacer declaraciones de buenas intenciones bajo un discurso de igualdad y universalidad, un discurso que se se basa en la idea de una humanidad abstracta que no se encuentra en ningún lado: la humanidad -nos dice Lévi-Strauss– se realiza siempre en un tiempo y un espacio determinados, con una historia y una cultura particular. De este modo, el discurso humanista abstracto funciona como una ideología que oculta y justifica el avance de un mundo que crea desigualdades, intolerancia, discriminación y racismo.

Es interesante constatar cómo esta posición política -que podría encarnarse en las demandas actuales de refortalecer los estados nacionales debilitados por la llamada globalización-, se desprende de la particular concepción estructural de Lévi-Strauss:
Un principio estructurante que opera por medio de la oposición: esa forma de relación particular que remite los elementos unos a otros y que en el mismo movimiento los constituye. Ya vimos cómo opera esto en relación al principio de reciprocidad y el don: la relación es anterior a las partes que entran en relación. También vimos cómo opera este principio en el análisis y la génesis de los mitos. Así como para entender un mito es necesario conocer cómo opera la estructura en ellos (las oposiciones internas) y entre ellos (los grupos de transformación), y como para entender un mito bororo es necesario recurrir a toda la mitología del continente americano y de Alasca, las culturas están todas vinculadas unas a otras de diversas formas, oponiéndose y cobrando sentido en esa oposición. La distancia, la diferencia es fundamental en la concepción de la estructura de Lévi-Strauss, tal como lo es en su concepción política y ética.

Unas palabras finales sobre la ética estructuralista de Lévi-Strauss. Vimos en la respuesta a la pregunta anterior que para Lévi-Strauss la estructura es simbóloca (social, psíquica), mental, fisiológica y física; que se encuentra en las expresiones culturales, en la mente humana, en el cerebro, en los sentidos y en el mundo. Vimos también que, a pesar de las diferencias culturales, esta estructura es universal. Pues bien, de ahí se deriva una ética de la identificación con las otras culturas en su diferencia y con la naturaleza. En este sentido, el trabajo de Lévi-Strauss es una crítica y una expansión del humanismo: plantea que se hace necesario avanzar hacia un nuevo humanismo más democrático que incorpore la diversidad cultural (y la oposición naturaleza/cultura) a la noción de humanidad: todas las culturas son, en su diferencia expresión de lo humano, así como lo humano es expresión de la naturaleza. Nuevamente el estructuralismo levistrausseano arriba a la política de J.J. Rousseau.


[1] Apuntes para el curso de Teoría Antropológica II (Tradición francesa), de la Carrera de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

[2] Antropólogo, Universidad Academia de Humanismo Cristiano

~ por gbrinck en 24 diciembre 2009.

Una respuesta to “Estructura, etnocentrismo y racismo”

  1. me encanta este comentario sobre Raza y cultura, de Lévi-Strauss, me ha ayudado a entender mi asignatura de antropología en general, y sobre todo el etnocentrismo.
    Gácias, gran trabajo

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