La irrupción del acontecimiento: apuntes para un taller de investigación en cultura y experiencia

 

Guillermo Brinck[1]

embrance

MANIFIESTO

Lo abierto. El mundo está abierto, no es un sistema cerrado completamente sobre sí mismo. El mundo es rizomático, su consistencia está en la conexión descentrada y desregulada de lo que existe. Lo abierto indeterminado es la cualidad que hace posible la historia, el puro acontecimiento, infinito en su pluralidad, verdaderamente único, no simbolizable, no asignable a una categoría: lo Real en Lacan.

La historia, sin embargo, (la memoria) depende de la ordenación de los recuerdos, de la existencia de un discurso, un paradigma, de una operación estructurante. Pero esa estructuración no necesariamente depende de un centro ontológico que contenga un principio creador. Como ha dicho Derrida en su homenaje crítico de Lévi-Strauss, la estructura está descentrada y multiplica los sentidos ilimitadamente por el infinito juego de las diferencias. Es en esa differance donde nos queremos situar.

El rizoma acontece en un plano de inmanencia -nos dicen Deleuze y Guattari-, no hay un plano trascendente que lo sostenga y lo articule. Sin embargo, en el rizoma hay brotes arborescentes en los que se expresan principios unificadores locales. Pero son transitorios, en su momento vuelven a desterritorializarse. El dominador hace rizoma con el dominado, no sólo depende de él, sino que está constituido por él. Un hegelianismo sin reservas, una dialéctica sin trascendencia, sin límite, sin totalización absoluta. No hay totalidad, sólo momentos, no hay sistema, sólo relaciones que buscan su cierre en un intento suicida.

La metáfora del sistema nervioso. Todo sistema es nervioso, nos dice Michael Taussig. El sistema nervioso es inestable, se pone incómodo, no resiste una clausura total, pero tampoco la apertura absoluta. Se vuelve loco en cada uno de estos momentos, se caracteriza por esa nerviosidad que no tiene nada de vulnerable pues es allí donde radica toda su riqueza.

Es un clásico de la filosofía heideggeriana. El hombre es un ser arrojado al mundo, con una falta fundamental que lo proyecta fuera de sí: éxtasis. Ser-en-el-mundo, pura relación. El hombre no es nada en sí mismo (no hay en sí), está vacío; ese vacío del cual los chinos dicen que es creativo (tao). Del vacío viene la potencialidad, que puede ser vivida como falta y como deseo. Hay un desequilibrio que vuelca al hombre hacia el exterior. Lo ha dicho Lacan con un dejo judeocristiano: la falta es como la caída del paraíso terrenal. Para Alain Badiou la falta no es una herida sino una fuente de vida: la potencialidad infinita del acontecimiento.

Clifford Geertz lo ha dicho del proceso de hominización: la pérdida paulatina de las respuestas innatas ha generado un espacio de indeterminación cargado de virtualidad: la cultura que se compone de redes no estructuradas de sentido, de significados que ante todo son históricos, vincula a los hombres y los hace seres viables biológicamente. Si la cultura es una extensión (una prótesis) de la biología humana, no es porque sea una mera extensión de ella (determinismo biológico, analogía orgánica), sino porque la biología humana es un producto cultural e histórico (así como todo organismo es un producto de sus relaciones con todo lo que existe, de su desterritorialización en el afuera), está signada por el acontecimiento y sólo crea remedos de una estructura que soñó.

Podríamos decir que la estructuración es permanente por imposible. La falta genera un deseo de estructuración, pero al ser el deseo el motor, esa estructuración no tiene un estatus ontológico definido; no es un ente, no hay estructura. El deseo de estructuración permite dar sentido al mundo, a la experiencia y, ante todo, al deseo mismo. El hombre es un animal que debe aprender a desear (Slavoj Zizek); su característica fundamental no es su capacidad superior de pensamiento racional sino el deseo de estructuración. Pero el deseo sostiene y sobrepasa a la estructuración; es su fuente y su límite. Del deseo surge la vida, el significado y el orden que los otros animales resuelven genéticamente (aunque el genético tampoco es un sistema completamente clausurado), el deseo estructura la vida y también hace explotar esa estructura histórica desde adentro en una explosión de risa.

Incluso la economía, nos dice Bataille, está signada por este salto a la nada del hombre. El gasto inútil del que nos habla Jean Duvignaud. En el hombre poco hay de útil o utilitario. Su existencia se juega en cosas menos necesarias pero más perentorias: el deseo, la muerte, la risa, el juego. Porque vivimos, simplemente porque sí. ¿Para qué sirve? Una pregunta absurda. El hombre, la medida de todas las cosas, ¿para qué sirve el hombre? Dejémonos de niñerías y abandonemos el utilitarismo. Reconozcamos que el orden, la estructura, la ley, la necesidad son sólo un aspecto (un momento) y no el central de la existencia. Yo, por ejemplo, vivo para reír, para gozar cada vez que un pensamiento se une azarosamente con otro para engendrar una idea nueva, para disfrutar y engullir una comida que más me mata que me alimenta, para perderme en un sexo que nada tiene que ver con la procreación, en un amor filial que nada tiene que ver con la perpetuación de la especie sino con el éxtasis. Yo soy otro, dice Rimbaud, sólo hay diferencia repetimos con Deleuze, Guattari y Derrida.

JUSTIFICACIÓN

El mundo actual, Chile actual, nuestro país, nuestra ciudad… Se habla de necesidad, de eficiencia, de orden, de civilidad. Difícil no estar de acuerdo cuando se trata de la construcción de una sociedad más justa, pero sobre todo cuando hay una serie de tabúes que impiden siquiera imaginar otras posibilidades de construcción social por fuera del predominio del mercado. El que se atreve a plantear públicamente su desacuerdo con esta visión del Chile emprendedor (donde cada uno es su propia empresa), se expone a ser deslegitimizado, a ser considerado irracional, ingenuo, poco serio o fuera de la realidad: hoy lo real es el mercado y las necesidades, los números, la ingeniería, el consumo. Y el cataclismo que hemos sufrido en febrero es un acontecimiento sobre el cual este discurso de management social ha cerrado filas: se discute, se trabaja y se solidariza por los necesitados; se calculan los daños en millones de dólares…

Pero ¿puede aplicarse la noción de necesidad a la experiencia humana? Es el fracaso de Malinowski: en el hombre predomina el deseo y lo imaginario… el fetichismo, no la necesidad y la función. Aunque la necesidad no desaparece absolutamente (nuevamente, no hay en sí, no hay absolutos, no hay totalización), la psiquis humana se ha desfuncionalizado, dice Castoriadis.

Chile se imagina satisfaciendo necesidades. Aquí se le da más relevancia al trabajo que a la conversación, que a la fiesta, que al sexo. Hasta las putas chilenas entran en este juego discursivo cuando legitiman su acción y reivindican su existencia apelando al hecho de que ellas realizan un “trabajo sexual”. Nada más alejado de lo que me decía Solange, una mujer trabajadora sexual justamente en las dependencias del Sindicato Nacional Independiente de Trabajadoras Ángela Lina al que estaba afiliada: “yo creo que la razón por la que entré en el ambiente es porque soy frívola. A mí me gusta la noche, me gustan los hombres, me gusta la fiesta.” Solange trabajaba como prostituta y así satisfacía sus necesidades, pero no negaba su deseo. Eso era lo que le daba sentido a la historia de vida que estábamos construyendo mutuamente. Y como ellas -que son sólo el caso límite de la cooptación del deseo y la vida por lo utilitario y la estructura- la mayoría de los chilenos ocultan su realidad con un discurso economicista, racionalista y utilitarista de la vida. Nuestro valor es el trabajo, nuestro sueño la riqueza, nuestro delirio el desarrollo (que sólo aparece por contraste con nuestros vecinos “más atrasados”).

Quizás por eso nuestra enfermedad es el stress, tal vez la más ridícula de todas. Horas laborales, horas laborales extra, para poder consumir y acceder a los gadgets de la modernidad: ipods, blackberries, televisores de alta definición… Los “plasmas” que se llevaban los necesitados saqueadores de las regiones más afectadas por el terremoto. Porque Chile imagina que satisface necesidades cuando lo que hace es generar deseos, y deseos que tienen que ver con el prestigio, el estatus y el rango social. No se trata de una cuestión teórica, no es una cuestión anodina. Se trata de la forma de subjetivación que predomina en el espacio discursivo de nuestro país, se trata de todo lo que hay que olvidar (o callar) para poder imaginar la vida como una pequeña empresa: se olvida la centralidad del juego, de la risa, de la vida. Se olvida la centralidad del ser.

QUÉ HACER

Vistas así las cosas, se hace necesario poner en el centro de la cuestión todo lo nimio, insignificante, inútil, accesorio; todo residuo pujante de lo que no contribuye al orden, de lo que retorna con fuerza a pesar de la represión, de lo que se resiste a la clasificación, lo que está fuera de lugar, de lo que, a pesar de la sanción social, se rebela y resiste, a veces como estigma, a veces como anormalidad, a veces conscientemente como revuelta, otras como maldad. Son las formas del deseo, enculturado siempre a medias, como el gato danzante de Nietzsche (la verdad), porque los gatos son animales que nunca se ha dejado domesticar absolutamente.

Pero la indagación en estas expresiones siempre van acompañadas de formas institucionalizadas que las cercan y les conceden espacios controlados de expresión para neutralizarlas. La fiesta, el carnaval, el rito, el manicomio, el arte, entre otras, pueden ser vistos como espacios de expresión de lo que Victor Turner llama comunitas: una anti estructura funcional al mantenimiento del sistema. La búsqueda de estas experiencias irá necesariamente acompañada del tratamiento de estas formas de normalización de lo anormal, de cooptación del acontecimiento, de represión de lo Real. Nuestro objetivo es perseguir aquellos residuos fundamentales que escapan incluso a esta dialéctica de la funcionalidad.

Por eso deseamos buscar expresiones mínimas, cotidianas de lo no estructurado, lo inútil, lo no recuperable por el orden (y eso a pesar de la enorme fuerza plástica de la estrcutura), lo no simbolizable, para ubicarlas en el debate académico y cultural, y así restituirles su fuerza política: la fuerza invencible del acontecimiento, de la experiencia de enfrentarse con lo Real.


[1] Antropólogo, Universidad Academia de Humanismo Cristiano

~ por gbrinck en 24 abril 2010.

Una respuesta to “La irrupción del acontecimiento: apuntes para un taller de investigación en cultura y experiencia”

  1. Ensayo-poema sobre la necesidad del león y el árbol

    ¿Es posible morir en el éxtasis?

    No nos dejamos morir, pero nos dejábamos llevar por un éxtasis. Lo liquido, gaseoso, lo sólido (y áspero también), lo fagoso(la madera,tambien, la contiene).
    Estar dentro del mundo, en cuanto a sentidos,
    es estar dentro de un globo.
    Pero como dicen, hay fugas de aire
    por allí parecemos evaporarnos
    por las fugas,
    porque tú y yo somos mundo.
    Y arrancamos.
    A pesar de todo somos el transito,
    y el mundo nos moldea como un escultor gigante
    (los gigantes me toman con su pinza exacta y me moldean con sus manos etéreas)
    Es posible devenir, es cierto, quizás el destino sea el devenir.
    venir-ir de vuelta al revés y en vértigo: devenir.
    Entonces encontramos al paso un mensaje eterno.

    Un llamado de la catacumba, un llamado desde la corteza terrestre.

    Nos creemos inmortales por un momento
    (en ese momento)
    jugamos al riesgo de la muerte: nos estrujamos, nos ponemos en la pitilla, colgamos del hilo, caminamos por la cuerda floja, caemos al hoyo, un precipicio hacia arriba.
    Allí están los sueños como duendes, pasajeros mágicos que revuelven los objetos conocidos. Desordenan esas cosas, tan sabidas por ti, la taz de café flotando en la tina, la ropa –abrigo morado y zapatos de tacón- bajo el auto, lápices dentro de los calzoncillos, tinta derramada en la boca, ETC.
    Te engañan a ti, y a tus espacios conocidos,
    nos-otros, acostumbrados al territorio y a la geopolítica.

    (El acontecimiento)

    El engaño, nos viene bien cuando nos engañan los duendes. Porque es un engaño contra la lógica.

    Peor hay un engaño durísimo.

    La piedra caída al cráneo es una bomba atómica
    El daño, comienza,
    con el estrujamiento de las meninges,
    la corteza cerebral sufre una declinación física y se debilita,
    y al final, el daño,
    crea un cortacircuitos en las conexiones sinápticas.
    Esta piedra la tiraron los gigantes, una para cada cabeza.
    Nuestra mente nos está bien,
    Este daño ocurre a veces, alguna vez se presenta el síntoma.
    La locura, es el diagnostico medico. Y los locos somos todos a veces
    Vivimos así entre las risas y los llantos en el engaño.

    El engaño está en esa materia gris,
    la razon-como dijera Goya-crea monstruos.
    Y aquí están en mi cielo,
    santos y demonios demasiados nítidos,
    más nítidos que la sensación de estar y venir.
    Digo, más clara su existencia que dejarse sentir en los 6 sentidos
    y lo liquido, gaseoso, sólido y madera.
    Una existencia que no deviene solo en el sentir orgánico
    ¿Cómo se la vida vegetal y animal? ¿Cómo conectarse con lo propio?
    (Todos llevamos un león y un árbol, pero no se nota)

    El engaño (y no se porque pienso en monstruos) es la aspiración a la seguridad y a la paz.
    La paz no se aspira
    se inspira y se bota,
    una respiración que limpia los conductos de la sangre.
    En mi interior estoy contimanada y te contamino con los deseos incontrolables, los sentimientos-pensamientos mitad vomito mitad paradigma. Y cuando hablamos estamos frente-a-frente de los signos, los siglos, y los silogismos. El lenguaje de las formas.

    La ira es esa liberación de lo horrible, la ira es linda, pero vomita toxicos.

    El engaño va en nuestras creaciones colectivas en la ciudad, en las relaciones habitantes.
    Y construyen edificios los empresarios, y estos tienen vías de escape que no funcionan, el terremoto destrozo las estructuras de lata, se doblaron los pilares, y los techos cayeron sobre las cabezas cuando almorzábamos a la mesa con la familia nuclear.
    Nos mintieron y precisamente nos engañamos también.
    Cuando la familia nuclear quiso arrancar de la ciudad destrozada, para encontrar una vivienda en el norte del país. Empezaron a “cotizar” buses.
    En el bus interprovincial “Pulman” llevaba en el capó el siguiente mensaje “Velamos por su seguridad, con seriedad y confianza”. ¡Ya está!-dijo la familia nuclear-, y velaron al mejor postor. Pagaron con dinero su seguridad imposible. Precisamente se engañaron.

    Las ciudades y los campos tienen sus encantos.
    Todos quisiéramos que la magia fuera real azar.
    Pero el azar también tiene porcentajes, percentiles, ondas de frecuencias y tablas de contingencia, con la que los matemáticos “miden” el riesgo
    “es el poder y la pasión,
    el atractivo más seguro”
    dicen.
    El poder, y la seducción de los encuentros fugaces.
    Es nuestra magia contemporánea.
    Es posible vivir mil experiencias y dicen
    (los antropólogos urbanos),
    hay una transposición de experiencia debido a que:
    “Se montan en las calles túneles y sobre ellos puentes.
    La arquitectura nos ha permitido una transposición de las experiencias. Los no-lugares son increíbles. Mil caminos atravesándose.
    En la Internet y en los puentes, el transeúnte, encuentra mensajes múltiples. Son increíbles los no-lugares”.

    El engaño nuevamente.

    Aún así solo podemos estar allí,
    en un espacio reducido, en un haber en lo próximo, la imaginación nos arroja, eso sí, la imaginación nos arroja a mil caminos.
    Y para llegar a la verdad hay que luchar contra los monstruos. El paraíso no existe, la paz es difícil.
    La fuerza de la vida es la acción de la lucha y uno no tiene armas. Lo peor que le puede pasar a nuestra comunicación, entre nos-otros es la guerra, es cuando se abandona el contacto, la videncia hacia el sentido del otro, y el sentido exacto que poseemos se atrofia.

    Hay un sentido exacto que nos conecta con el león y el árbol.

    Escrito por Estefanía Loreto.

Deja un comentario

Please log in using one of these methods to post your comment:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.